Apuntes pre fotográficos (I)

Entrada previamente publicada como colaboración en elBlog Sales de Plata.

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha sentido atracción, cuando no fascinación, por ver su figura inmortalizada. Me refiero, claro está, a dejar para la posteridad una imagen más o menos idealizada o ajustada a la realidad. Durante siglos eso sólo estuvo al alcance de los poderosos que podían permitirse encargar su retrato al pintor de moda en cada momento, y así han llegado hasta nosotros las imágenes de reyes, papas, nobles y un largo etc. de personajes que forman parte de la Historia.

Sin embargo no hay que dejar caer en el olvido los numerosos intentos por hacer más asequible a mayor número de personas la posibilidad de legar su imagen a sus descendientes. Veremos algunos ejemplos en sucesivas entradas dedicadas a las técnicas pre fotográficas.

Los más antiguos procedimientos para “capturar” imágenes en una caja se pueden remontar a los trabajos de  algunos sabios árabes allá por los siglos X y XI. Fueron ellos los primeros que intentaron mejorar lo ya observado en la antigüedad por el mismísimo Aristóteles (384-322 aC), concretamente los trabajos de Alhazen y Al-Farisi pueden considerarse pioneros en ésta materia.

Alhazen (965-1040) escribió varios tratados de Óptica, y en uno de ellos describía una “Cámara obscura”  dentro de la que se formaban  imágenes  invertidas  de objetos luminosos si se permitía el paso de la luz a través de un pequeño orificio en una de las paredes de tal cámara. Método utilizado y mejorado también por Leonardo da Vinci en 1515, colocando un papel blanco para observar que las imágenes se formaban “a menor tamaño y cabeza abajo”.

La primera ilustración de un eclipse parcial de sol observado mediante una “Cámara obscura” en 1544 se la debemos al físico holandés Regnier Gemma Frisius (1508-1555). He aquí cómo nos lo ilustró:

Frisius

Las posibilidades que los científicos de la época debieron ver en la “Cámara obscura” hicieron que los estudios y mejoras fueran sucediéndose a los largo del tiempo, y así llegamos hasta 1646, año en que el jesuita Athanasius Kircher (1601-1680), una de las más importantes mentes enciclopédicas de la época barroca, describe e ilustra una cámara “transportable” que pronto fue mejorada por su discípulo, el también jesuita,  Kaspar Schott (1608-1666).

En la cámara de Kircher un dibujante, desde el interior, plasma sobre papel la imagen invertida que se forma al penetrar la luz por el orificio practicado en las paredes exteriores.

kircher

Se dice que Shott, en 1657, escuchó el comentario de un viajero llegado de España según el cual había visto una “Cámara obscura” tan pequeña que podía ser transportada en la mano por una sola persona. Lo que le llevó a la construcción de un instrumento formado por dos cajas de madera, una de las cuales se deslizaba por el interior de la otra, permitiéndole colocar también un tubo regulable dentro del que instaló dos lentes biconvexas que permitían graduar el enfoque.

¡Y llegamos a la invención de la primera réflex! Gracias al añadido en 1676 de un espejo a 45 grados frente al tubo regulable, consiguiendo que la imagen deje de verse invertida como hasta entonces. “Pequeño” avance en la “Cámara obscura”  debido a Johann C. Sturm. Diez años después, en 1686, se publica una obra titulada “Oculus artificialis teledioptricus” cuyo autor, Johann Zahn, describe e ilustra unas cámaras portátiles, de unos 20 cm de ancho por 60 de longitud con el interior cubierto de negro, con un visor y pantallas de enfoque que, por primera vez, son de cristal traslúcido y portan un tubo con una lente interior que permite el enfoque ; pero además, otra gran novedad, el orificio que permite la entrada de luz lleva un sistema para regular su diámetro, controlando así la mayor o menor cantidad de luz que penetra en la cámara:

zahn

Ya sólo falta que la imagen captada por estos artilugios pueda ser fijada, por ejemplo por algún elemento o sustancia sensible a la luz.

Eso todavía no es posible, pero ya estamos a las puertas del siglo XVIII y es frecuente ver publicaciones de óptica, física, e incluso de pintura y textos de divulgación en los que se habla de tales cámaras, de sus distintos modelos y tamaños, de su proceso de fabricación etc. Es decir, se instala en la conciencia de la gente de la época, de la burguesía sobre todo, la posibilidad de captar y plasmar la realidad de una manera fiel y objetiva. Tanto que a mediados de siglo se generaliza el deseo de tener la imagen propia dibujada por algún artista valiéndose de alguno de los múltiples modelos de “Cámara  obscura” bien en forma de silueta o bien en la más sofisticada de retrato en miniatura…

Pero estos precedentes directos del retrato fotográfico los veremos en posteriores entradas.

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