Los comienzos de Robert Mapplethorpe

Entrada previamente publicada como colaboración en el Blog Sales de Plata.

La obra del estadounidense Robert Mapplethorpe (New York, 4 de noviembre de 1946 – Boston, 9 de marzo de 1989) no deja indiferente a nadie. Es de esos fotógrafos que suscita emociones y opiniones encontradas, unos defienden su obra a capa y espada y otros la denigran por razones varias, entre las que destaca la recurrente temática, aunque no única, homosexual con toques sadomasoquistas y de hardcore o porno duro.

Su llegada a la fotografía estuvo precedida por los continuados intentos de abrirse camino en el mundo del arte a través del dibujo y del collage. Para éste último utilizaba con frecuencia imágenes sacadas de revistas. En cierta ocasión se acercó a un quiosco en el que descubrió una  revista para hombres – ya por entonces estaba descubriendo nuevas tendencias en su sexualidad – a la que quitó el celofán para hojearla ante el enfado del quiosquero que a gritos le exigía su pago. Mapplethorpe respondió tirándosela a la cara.

Muy agitado por el suceso le relató la experiencia a su compañera Patti Smith, quien le sugirió que hiciera él sus propias fotos, sugerencia que no cayó en saco roto. Días después le pidió prestada a un amigo de ambos su cámara fotográfica, una Polaroid Land 360 con la que empezó a familiarizarse y a realizar sus primeras instantáneas. Sólo le frenaba el precio de la película, unos $3 cada 10 fotos, cantidad considerable para el año 1971 sobre todo teniendo en cuenta que su situación era de precariedad excepto lo que conseguían gracias a los trabajos esporádicos de Patti.

Empezó con autorretratos y fotografiando a la propia Patti, a la que le hizo innumerables retratos, siempre con las limitaciones que le imponía la falta de película. Se sentía tan satisfecho con los resultados que, valiéndose de su agitada vida social, comenzó a fotografiar desnudos a muchos de sus amigos y conocidos. Para conservar las instantáneas extendía sobre ellas  una sustancia cérea de color rosa que evitaba la pérdida progresiva del color.

Encontró su musa en David Croland, su pareja en aquel momento aunque la relación con Patti Smith continuaba de una manera irregular o un poco extraña. Fue el tal David Croland quien le presentó a alguien que supondría un primer e importante  cambio en su vida, el director de fotografía del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, John McKendry, gracias al cual pudo visitar las cámaras que albergaban las colecciones de fotografía del museo, viendo la obra de grandes maestros como Talbot o Stieglitz, pero ante todo fue el comienzo de una relación que podemos calificar de compleja.

McKendry le regaló una Polaroid (todavía seguía con la prestada por su amigo) y consiguió una subvención de la propia empresa para que le suministrara toda la película que necesitara (Abro un paréntesis para comentar que en aquellos momentos Polaroid estaba de moda entre los artistas, Andy Warhol utilizaba asiduamente varios de sus modelos y estaba en proceso de realización de sus series de polaroids).

Andy Warhol con una Polaroid

Andy Warhol con una Polaroid

La fotografía se convirtió en una obsesión, tanto que pasó de ser un medio para sus otras obras a convertirse en un fin en sí misma. Fotografiaba  a multitud de personas de toda índole, desde chaperos de la calle a personajes de la vida social como Mariann Faithfull, se hacía múltiples autorretratos y cada vez recurría más a Patti Smith, “contigo siempre acierto”, le decía.

La casualidad, o el destino, que cada uno elija lo que prefiera, hizo que Samuel Jones Wagstaff estuviera un día en  casa de David Croland y se fijara en la obra que Mapplethorpe tenía diseminada por allí en abundancia. Pero ¿quién era Samuel Jones Wagstaff? Pues era un coleccionista, mecenas, millonario y ex director del Instituto de Arte de Detroitque estaba atravesando una difícil etapa de su vida en la que se debatía entre abandonar todo lo material y dedicarse a la búsqueda espiritual de la felicidad o, por el contrario, aprovechar todo su dinero para crearse un mundo plagado de arte en el que sobrevivir.  De momento se hizo con el teléfono del autor de aquellas obras que, al parecer, le fascinaron ypocos días después realizó la llamada que cambiaría, otra vez, la vida de Robert Mapplerthorpe. Tras una primera cita se produjo otra, y otra después… Cada vez más enamorado de las obras de Robert y, finalmente enamorado también del autor. Se convirtió en su amante, su mecenas y su amigo hasta el final de sus días a pesar de superarle la edad en 25 años. Formaron una pareja que se complementaba a la perfección ya que Robert quería algo que Samuel tenía: dinero. Y Samuel amaba algo que Robert poseía: su arte.

Mapplerthorpe con Polaroid Land 360 (aunque parezca extraño el círculo blanco forma parte de la obra)
Mapplerthorpe con Polaroid Land 360 (aunque parezca extraño el círculo blanco forma parte de la obra)
Un lector del artículo me comentó y envió después una imagen que demuestra el error de creer que el círculo blanco formaba parte de la obra, evidentemente no es así:

En cierta ocasión, como regalo de cumpleaños (ambos cumplían el mismo día) Samuel le regaló una Hasselblad que, en palabras del propio Mapplethorpe, no le enseñó nada pero le permitió conseguir exactamente lo que buscaba.

Se hicieron grandes coleccionistas que buscaban obra allá dónde estuvieran. Compraban negativos en placas de cristal, calotipos, fotograbados, daguerrotipos, ferrotipos, postales estereoscópicas… asistiendo con asiduidad a las principales casas de subastas e incluso viajando a Europa para hacerse con una determinada fotografía.

En el robo de su apartamento se llevaron la Hasselblad, pero inmediatamente Samuel le regaló una nueva cámara, esta vez una Graflex Speed Graphic con un respaldo Polaroid cuyo formato 4 x 5 le resultó muy útil para sus obras.

Wagstaff fallecería dos años antes que Mapplethorpe, en 1987, por la misma terrible enfermedad, pero indudablemente ambos han dejado huella indeleble en el mundo de la fotografía.

Para mayor información recomiendo la visita a la página de The Robert Mapplethorp Foundation:

http://www.mapplethorpe.org/foundation/

Y la lectura de los dos libros que Patti Smith ha publicado sobre su vida junto al artista: Éramos unos niños y El mar de coral, ambos editados por Lumen en 2010 y 2012 respectivamente

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