Cajal y la fotografía

Esta entrada la publiqué el 25 de febrero de 2014 en Sales de Plata y al ir a reblogearla, como hago con todas, me equivoqué y lo hice en Elcaos Blog. Al parecer sólo se puede rebloguear una vez, así que no me fue posible integrarla aquí. Esta es la razón por la que la he copiado directamente, tal como está publicada en Sales de Plata:

Hace unos meses el también colaborador de este blog, jparepir, publicó una entrada dedicada a la placa autocroma. En ella citaba a una de las personas que más admiro por su talla intelectual y científica y a la que le he dedicado bastante tiempo en mis ratos de ocio, Santiago Ramón y Cajal. Repasando esa entrada me ha parecido oportuno hablar un poco de la afición de Cajal a la fotografía y al libro que sobre ella publicó.

Ha sido uno de nuestros más eminentes científicos y uno de nuestros escasos Premio Nobel, concretamente  de Medicina y Fisiología en 1906, también un gran aficionado a la fotografía desde una doble vertiente: la de fotógrafo y la investigador de nuevas técnicas y procedimientos. Esta última faceta se explica fácilmente en una persona acostumbrada a la investigación científica y a la elaboración de procederes que posibilitaron el estudio de la estructura cerebral, de sus componentes y de la compleja conexión entre las diferentes partes. Con la misma pasión y método abordó el estudio de los mecanismos que permitían fijar las imágenes a las placas que incluso él mismo se fabricaba.

Cajal se sirvió de la fotografía a lo largo de toda su vida. Le servía de distracción como él mismo dice, pero también, posteriormente, como experimentación de los procedimientos sobre los que se basa. Tanto significó la fotografía en su vida que en 1912, contando 60 años de edad, publica un libro titulado “La fotografía de los colores”. Obra que pasó casi desapercibida para fotógrafos y aficionados de la época y que él justifica como un agradecimiento a las “satisfacciones y consuelos inefables” que le proporcionó tal actividad a lo largo de su vida. El libro fue publicado por la imprenta y librería de Nicolás Moya, toda una institución en la publicación de obras de Medicina y otras ciencias. He aquí la cubierta original:

fotografia-de-los-colores

Cuenta en el libro que ya desde niño se entusiasmó con la “placa daguerriana”, de adolescente “aspiré con delicia el aroma del colodión”  y posteriormente se ilusionó igualmente con el gelatino-bromuro dedicándose incluso a la fabricación, como dije más arriba, de sus propias placas durante las noches en un desván de su casa, causando así el asombro y la curiosidad de un vecindario que no sabía muy bien lo que allí sucedía.

Ya en la madurez su interés fotográfico se centró en el autocromatismo de Vögel (Hermann Wilhelm Vögel, 1834-1898), profundizando en los procedimientos de éste químico y fotógrafo alemán que había conseguido hacer sensibles las placas a los diferentes colores, abriendo la puerta a lo que en 1903 los hermanos Lumière conseguirían: la placa autocroma, sobre la que Cajal dice en su libro que “Hétenos ya, gracias al maravilloso invento de Lumière, emancipados de la intolerable esclavitud del blanco y negro. Flores y frutos, celajes y montañas, bosques y lagos, labios y mejillas, cabellos rubios o castaños, trajes y adornos policromos…todos estos y otros mil motivos artísticos, antaño inabordables, resultan ahora empresas llenísimas, vulgares, accesibles al más modesto cultivador del objetivo.” Y continúa admirándose de las ventajas de nuevo y maravilloso invento, proclamando sus virtudes y sus ventajas: “Bastan en rigor seis u ocho minutos para impresionar, revelar, invertir, redesenvolver (sic.), lavar y entregar al cliente una heliocromia (sic.), asombro de verdad y de belleza, cuando para hacer una buena fotocopia en negro es menester casi un día, a menos de resucitar el trasnochado y pueril procedimiento del ferrotipo, regocijo en otro tiempo de ferias y delicia de soldados y criadas”.

En “La fotografía de los colores” hace Cajal un recorrido por procedimientos conocidos describiendo con detalle algunos de ellos y alguno de los suyos propios también, explicándonos sus ventajas y la manera de fabricarlos. Así por ejemplo, en el capítulo dedicado a explicar los diferentes retículos policromáticos que forman las placas, nos cuenta cómo debería ser la placa ideal o perfecta,  hace un repaso por los retículos de Joly, Krayn, Aurora, los retículos irregulares de Lumière, etc. y entre ellos incluye su propio retículo al que denomina retículo microtómico de Cajal. Nos cuenta que no lo ha patentado y que presenta la ventaja de producir colores de gran intensidad y pureza pero la dificultad para su desarrollo es la ausencia en España de fabricantes de placas, por lo que sus trabajos se quedaron en fase de proyecto aunque los ensayos de laboratorio prometían unos buenos resultados.

Su afición le llevó a autorretratarse multitud de veces desde su juventud hasta la madurez. Gracias a estos autorretratos le conocemos inmerso en sus trabajos de laboratorio o en sus momentos de ocio junto a amigos, familia y discípulos. He aquí algunos de ellos:

El primero durante su etapa juvenil de gimnasio y boxeo:

autorretrato-a-los-19 -1871

Hacia 1885, su laboratorio en Valencia:

valencia-1885

Otro trabajando con el microtomo preparando material para el microscopio:

manejando-el-microtomo

Autorretrato de 1893, también con el microtomo junto a su inseparable microscopio:

1893

En 1906, fecha de la concesión del Premio Nobel de Medicina y Fisiología:

cajal-1906

Y el ultimo, para no aburrir. Como veis le gustaba posar con sus herramientas de trabajo aunque curiosamente hay pocas fotografías en las que aparezca con un cámara o junto a ella. Algunas de las que utilizó pueden verse en Madrid, en la sede del Instituto Cajal, del CSIC, lugar en el que se conserva bastante material relacionado con su vida y su trabajo:

madrid-1908

Su afición a la fotografía parece que la transmitió a sus descendientes. Como curiosidad os dejo la respuesta de su nieto, Santiago Ramón y Cajal Junquera, Catedrático en la Universidad de Zaragoza, en una entrevista aparecida en El Periódico de Aragón en 1997. Le preguntan sobre si también él ha sido aficionado a la fotografía como lo fue su abuelo y responde:

“Me ha interesado desde niño la fotografía. Mi padre tenía una cámara Kodak de fuelle, de seis por nueve, que hacía muy buenas fotos. Con un íntimo amigo, recuerdo que hicimos un curso por correspondencia en el Instituto Paramont de Barcelona, poco a poco nos fueron llegando la ampliadora, las cubetas de revelado y los libros. íbamos mucho al Retiro. Adquirí una Vöigtlander de placas de cristal. Más tarde, compré una Rolleiflex de seis por seis y realicé muchas diapositivas en color con el marquito de cristal. Con otro amigo hice una larga excursión por casi todo el Pirineo a pie. Fue una experiencia preciosa. Tengo una gran colección de diapositivas de casi todas las ciudades de España.”

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