Surrealismo y fotografía

(Publicado como colaboración en Sales de Plata el 27 de mayo de 2014)

El surrealismo es un movimiento artístico y literario surgido en Francia cuya primera figura, líder y fundador es André Bretón. La denominación de surrealismo se la debemos a Apollinaire, quien la utiliza por vez primera  en la redacción de un programa de mano el ballet Parade, compuesto por Sergei Diaghilev con música de Erik Satie que se estrenó en 1917.

Sus primeros años  son de convivencia con el dadaísmo, hasta que adquiere carta de naturaleza  cuando en 1924 el propio Bretón junto al dadaista Philippe Soupault elaboran el Manifiesto Surrealista que plasma su definición y su filosofía.

En sus comienzos es un movimiento referido sobre todo a la poesía, la pintura y la escultura. Busca su origen en los sueños y en el pensamiento intentando reflejarlos en la obra de arte sin intervención de la razón.

Durante la década de los 20  Bretón consigue la adhesión de multitud de artistas a su movimiento: Buñuel, Dalí, Eluard, Miró, Max Ernst, Tristan Tzara y otros muchos. Con el tiempo algunos abandonarán al no gustarles el giro político que adquiere cuando Bretón entra a formar parte del Partido Comunista llegando a firmar, en 1938, junto a Diego Rivera y Leon Trotski (que en su periplo de exiliado recaló en México en 1937  gracias a las gestiones del propio Diego Rivera y de su esposa Frida Kahlo ante el entonces presidente del país Lázaro Cárdenas) el Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente.

La producción artística fue abundante en campos como la literatura, la pintura o el cine. En fotografía es menor aunque no por ello despreciable. Incluso se crearon algunas técnicas relacionadas como el Fotomontaje, el Fotocollage, los Rayogramas y las Schadografías, técnicas que se servían de la luz y de los soportes sensibles a ella pero pasaban por alto la cámara fotográfica.

El pintor alemán Christian Schad (1894-1982), muy relacionado con el movimiento dadaista de Zurich entre los años 1915 y 1920, comienza sus trabajos “fotográficos” en 1918 durante una estancia en Suiza. Él mismo se refiere a ellos como “fotografía sin cámara” y consisten en la colocación de objetos sobre papel sensible y su posterior exposición a la luz obteniendo un fotograma. Es lo que se conoce desde entonces con el nombre de schadografías.

Schadografía, 1918

Man Ray (1890-1976) comienza sus trabajos con lo que denomina rayogramas, en la linea de los trabajos de Schad, exponiendo a la luz papeles fotográficos sobre los que ha colocado algún objeto; tampoco hay cámara fotográfica por medio. Su primera cámara fotográfica la adquirió para hacer fotografías de sus cuadros aunque posteriormente el propio Man Ray nos cuenta que se reveló contra ella y la tiró. Realizó trabajos experimentales de cine y fotografía junto a Marcel Duchamp hasta que, en 1922, recién llegado a París, elabora su primeros rayogramas con los que publica un libro titulado Champs delicieux que recoge 12 de ellos.

Rayograma de Man Ray

Otro destacado representante de la fotografía surrealista es el húngaro László Moholy-Nagy (1895-1946). Importante artista perteneciente a la Bauhaus donde se encarga de trabajos sobre metal que le sirven para la creación de un instrumento al que denomina  Modulador luz-espacio y que consiste en una serie de placas perforadas y distribuidas en diferentes planos que se mueven gracias a un motor. Trabaja con el modulador entre 1922 y 1930 investigando sobre la luz y las sombras generadas cuando es iluminado al mismo tiempo que el motor lo hace girar.

Modulador luz-espacio

Modulador luz-espacio

Y una de las imágenes obtenidas por Moholy-Nagy con su Modulador luz-espacio:

Fotograma de Moholy-Nagy

Fotograma de Moholy-Nagy

Para finalizar este breve recorrido por algunos de los surrealistas relacionados con la fotografía quiero citar con mayor detalle a uno de los fotógrafos más relevantes, dentro de este movimiento, desde mi personal punto de vista. Se trata de alguien que trabajó estrechamente con uno de los grandes pintores del surrealismo (a pesar de que abandonara el grupo cuando se inició la deriva política que comenté más arriba), Salvador Dalí, dejando una obra fotográfica impresionante en la que uno es modelo y el otro fotógrafo aunque entre los dos pergeñan todos y cada uno de sus trabajos en común. Me refiero, claro está, a Philippe Halsman (1906-1979).

Así se expresa el propio Halsman sobre la fotografía y sobre su trabajo con Dalí:

“For me, photography can be dead serious or great fun.  Trying to capture the elusive truth with a camera is often frustrating toil.  Trying to create an image that does not exist, except in one’s imagination, is often an elating game.  I particularly enjoy this game when I play it with Salvador Dali.  We were like two accomplices.  Whenever I had an unusual idea, I would ask him to be the hero of my photograph.  There was a cross-stimulation going on.”    

Fue Halsman el creador de una nueva técnica a la denominó jumping style que consistía en retratar a sus modelos saltando. Explicaba que en tal situación el cerebro no tiene tiempo de modificar la expresión del rostro por lo que éste saldrá más real, tal como es. Es decir, lo que los primeros surrealistas querían cuando creaban obras fruto del pensamiento sin intervención de la razón. Logró que saltaran ante su cámara los principales personajes de la época, músicos, políticos, escritores, actores y actrices…he aquí algunos de ellos.

“Starting in the early 1950s I asked every famous or important person I photographed to jump for me.  I was motivated by a genuine curiosity.  After all, life has taught us to control and disguise our facial expressions, but it has not taught us to control our jumps.  I wanted to see famous people reveal in a jump their ambition or their lack of it, their self-importance or their insecurity, and many other traits.”

Y, como no podía ser de otra forma, Dalí también saltó para él. En éste caso ambos diseñaron la fotografía que querían, trabajaron los detalles, los movimientos, el escenario, reclutaron a varios ayudantes y se plantaron una tarde de 1948 en el estudio neoyorkino del fotógrafo hasta que consiguieron sacar la fotografía que desde entonces se conoce como Dali Atomicus:

Dali Atomicus. Philippe Halsman, 1948

Dali Atomicus. Philippe Halsman, 1948

Al parecer no fue nada fácil llegar al resultado final que ambos deseaban, requirieron de 28 intentos a lo largo de 6 horas de trabajo. La esposa del fotógrafo fue la encargada de sujetar la silla de la izquierda, tres ayudantes lanzaban al aire a los gatos, otro más lanzaba el agua y un quinto movía los hilos que suspendían los caballetes o quitaban la base sobre la que reposaban para que  quedaran en el aire una fracción de segundo.

La segunda parte era obra exclusiva de Halsman en el laboratorio (sin Photoshop, claro). Hubo que quitar la parte visible de las manos que sujetaban la silla y recortar ligeramente por la izquierda, jugar con el contraste para hacer desaparecer  los hilos e incluso agregar un dibujo de Dalí sobre el caballete vacío que tenía a su lado, no era cuestión de empapar el original. Todos estos detalles se aprecian en algunos de los contactos resultantes de aquella larga sesión fotográfica:

Dali-Atomicus-contactos

 

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