Joel-Peter Witkin o fotografíar lo “feo”

(Publicado el 4 de abril de 2014 como colaboración en el Blog de Sales de Plata)

Hace casi 75 años Joel-Peter Witking nace en Brooklyn, Nueva York. Concretamente el 13 de septiembre de 1939.

Conocido por su obra fotográfica muy alejada de lo que se considera dentro de los cánones de la “normalidad”, de considerable dureza, difícil de ver y de soportar para una mayoría no acostumbrada a la imagen de la muerte, a los cuerpos humanos o sus partes manipuladas para formar una suerte de “bodegón” macabro y difícil de digerir sin una adecuada preparación moral, intelectual e incluso física (el vómito puede ser la primera reacción de quien no esté preparado). Pero no sólo la muerte es el alimento de su cámara, también ha fijado su objetivo sobre aquellos “desastres” que una Naturaleza antojadiza e imprevisible ha dejado caer sobre algunos desgraciados humanos que han tenido que cargar con sus consecuencias: enanos, hermafroditas, hombres y mujeres con deformaciones físicas de toda índole, han posado para Witking formando parte de esos “bodegones” que le han granjeado una fama de maldito, macabro o necrófilo hasta el punto de que algunas instituciones y museos se han negado a exponer su obra. No obstante forma parte de las colecciones de algunos grandes museos y galerías de todo el mundo: el MoMA de Nueva York, el MoMA de San Francisco, el Museo de Bellas Artes de Boston, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, el Victoria and Albert Museum de Londres, el Museo Stedelijk en Ámsterdam, la Biblioteca Nacional de Francia y un largo etc.

Cabe preguntarse de dónde le viene esa afición a la muerte, o más bien al contacto directo con la muerte en su forma más violenta. Es un asiduo a las morgues, está al tanto de los accidentes con víctimas que generalmente ofrecerán un aspecto bastante diferente a esas otras muertes plácidas que se producen en una cama tras la extinción tranquila de la vida, atento a las noticias del hallazgo de cuerpos encontrados días o semanas después de su óbito. Es capaz de tratar con los despojos humanos con la misma frialdad que el carnicero o el matarife manipula los despieces de los animales en el matadero o en la carnicería.

Bodegón Witkin

Brazo Witkin

Él mismo ha explicado en varias ocasiones algunos sucesos que le han marcado a lo largo de su vida, principalmente en su infancia. Se he hablado hasta la saciedad de una experiencia vivida  contando tan sólo 7 años cuando junto con su madre y su hermano gemelo Jerome se dirigía a la misa dominical y fueron testigos de un accidente de tráfico de tal violencia que la cabeza de un niño rodó hasta sus pies, le intentaron convencer de que lo que vio en realidad fue una pelota pero fuera lo que fuese quedó almacenado en alguna parte de su cerebro moviendo algunas de esas sutiles conexiones que desde entonces serían distintas a las del resto. También ha hablado de sus padres, de su educación religiosa un poco tortuosa debido a la incompatibilidad del catolicismo de su madre y del judaísmo de su padre, lo que provocó su separación siendo él muy niño quedando al cuidado de una madre profundamente religiosa.

Gran parte de la obra de Witkin se puede calificar de necrofílica si atendemos a su significado etimológico, del griego νεκρός / nekrós, muerto y φιλία / filia, amistad. Es decir, aprecio, cariño o amistad hacia lo muerto o los muertos. La atracción por la muerte no es algo nuevo, al contrario, la muerte siempre ha suscitado reacciones encontradas, para muchos es algo repulsivo que conviene mantener lejos mientras que para otros representa algo morboso en el sentido que le otorga el DRAE a la palabra morbo en su tercera acepción: “Atracción hacia acontecimientos desagradables”. Witkin juega magistralmente con estos conceptos incluso modificando deliberadamente los cuerpos, no se conforma con fotografiarlos tal cual sino que se permite actuar sobre ellos como un hacedor diabólico hasta lograr exactamente lo que quiere que el espectador vea, hasta que consigue provocar una especie de encogimiento del alma de quien ve su obra y se percata o descubre la deliberada manipulación. No se puede entender de otra manera la fotografía que titula The kiss/El beso en la que ha seccionado longitudinalmente una cabeza humana para unirla después en tal posición.

The kiss-El beso

A pesar de tales perversidades Witkin intenta crear belleza, afirmación que pudiera parecer macabra si no tenemos en cuenta que busca su inspiración en obras clásicas de la historia del arte. Observadas sin la primera y natural aprensión se pueden encontrar elementos de artistas como El Bosco o detalles procedentes de los recargamientos barrocos. Incluso “copia” obras reinterpretándolas a su manera, véase si no El nacimiento de Venus o su recreación de las mismísimas Meninas de Velázquez. Esto nos da idea de su forma de trabajar las fotografías, son tomas totalmente estudiadas y preparadas previamente, pensadas y dibujadas antes de comenzar la búsqueda de los elementos que la formarán. Desde que la idea nace en la mente del fotógrafo hasta su ejecución puede pasar un dilatado período de tiempo, incluso puede ser necesaria la inserción de anuncios en la prensa para la búsqueda de tullidos, enanos u otro tipo de personajes que protagonizarán una determinada fotografía. Una vez realizada la toma se afana en obtener una imagen aún más dramática mediante la manipulación del negativo rayándolo o tratándolo con químicos que le darán esa textura o ese aspecto tan característico de las obras de Witkin cuya inspiración al parecer son los antiguos ambrotipos que pudo ver desde su juventud, no olvidemos su formación artística y su obtención del Master en Bellas Artes por la Universidad de Nuevo México

nacimiento de venus

Meninas

Mucho se ha especulado sobre el tratamiento que Witkin da a sus modelos, para algunos se trata de un aprovechamiento sin contemplaciones de los defectos de sus modelos, algo totalmente fuera de toda moral y respeto debidos. La utilización de cadáveres y despojos humanos repugna a ciertas personas o colectivos que, como queda dicho con anterioridad, le han valido en ocasiones la censura de sus obras y el veto para exponerlas. El propio artista habla de ello:

La muerte es una parte de la vida, es la puerta por la que todos entraremos algún día y creo que no debe ser evitada en ningún tipo de expresión o diálogo expresivo. Mis fotografías de restos humanos se han hecho con todos los permisos, con el conocimiento de que hay implicaciones médicas y morales, y nunca fotografiaré a nadie sin su permiso, porque mi propósito es positivo, no oscuro, lo que hago se hace siempre de la forma más humilde, reverente y siguiendo fines elevados”.

Tullido Witkin

Vida y muerte, belleza y fealdad, el bien y el mal, términos opuestos pero que son imposibles de imaginar los unos sin los otros. El Arte tiende a la representación de lo bello pero alguien, algún artista debía preocuparse también de lo feo, lo perverso, lo macabro o lo desagradable y parece que el encargo recayó sobre Joel-Peter Witkin. Menos mal que lo ha hecho con gran maestría.

Joel-Peter Witikin

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